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viernes, 9 de mayo de 2014

La victoria olvidada


Hoy 9 de mayo se celebra el Día de la Victoria, probablemente uno de los días más importantes en la historia del siglo XX. A las 0:43 del día 9 de mayo de 1945 el ejército nazi se rindió ante el mariscal Georgi Zhukov, poniendo así fin a la peor guerra de la historia en el continente europeo.

El mariscal alemán Keitel firmando la rendición frente a Zhukov.


Este día es celebrado en la Europa del Este de forma mucho más exagerada que en la Europa occidental. Y es que, la Segunda Guerra Mundial o “Gran Guerra Patria” acabó con la vida de 27 millones de soviéticos (la población total que en 1939 tenía España) y de 6 millones de polacos. La Gran Guerra Patria forma un eje fundamental en la memoria colectiva de los países del este, sobre todo en las ex-repúblicas soviéticas, Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

Propaganda 1934
sobre la industrialización
Tenemos que remontarnos a los años 30 para entender la importancia de estos hechos. En 1933 Hitler llega al poder en Alemania, en sus escritos afirma que el principal enemigo del Reich es el bolchevismo, “bárbaros orientales, judíos y comunistas”, no sólo hay una cuestión ideológica y racial, si no que forma parte del espacio vital alemán, esto es; tierras de las que sacar población esclava, producción, recursos naturales y nuevos mercados. No olvidemos que en 1914 ya estalló una guerra por la conquista de mercados, la Primera Guerra Mundial.

Desde esos momentos la Unión Soviética empieza a prepararse para la guerra, no olvidemos que 10 años antes ha salido de dos guerras consecutivas, la mundial (1914-1918) y la civil rusa (1918-1923) un país, que ya en 1914 era de los más atrasados de Europa, en 1923 está hundido en la miseria. Desde 1929 empieza en la URSS un periodo de modernización e industrialización acelerado, dándose en los próximos 15 años el mayor crecimiento económico en su historia. Este proceso le costó caro a la URSS, aquellos hombres y mujeres, obreros sin apenas experiencia, se propusieron modernizar el mayor país de la tierra en tiempo récord. Cometieron errores, y no pocos, pero su objetivo estaba claro, avanzar con determinación hacia el fortalecimiento del país, que en un futuro, casi seguro, tendría que enfrentarse a la bestia nazi.

Las vías que utilizó la URSS para intentar aplacar al nazismo alemán y al fascismo italiano no fueron únicamente económicas, productivas o militares, también diplomáticas. Como cuenta Joseph Davies (embajador estadounidense en Moscú de 1939 a 1941) en su diario “Misión en Moscú” (llevada al cine por Michael Curtiz en una rareza antológica de hollywood), los soviéticos intentaron por todos los medios tejer una alianza antifascista junto a Inglaterra, Francia y Polonia, siendo siempre negativa la respuesta de estos gobiernos, probablemente porque temían más la amenaza comunista que la fascista -no olvidemos que fascistas y liberales comparten el mismo sistema económico, los mismos intereses de clase-. La alianza nunca se dio, y a la altura de 1939 la URSS firma el pacto Molotov-Ribentrov, el pacto germano-soviético, para algunos la traición de Stalin, para otros una astucia política que hizo ganar 2 años de preparación bélica a la URSS.

Al estallar la guerra en septiembre del 39, el ejército nazi, la Wehrmacht, demostró una superioridad abismal respecto al resto de ejércitos europeos. En pocas semanas, Polonia, Bélgica, Holanda y Francia habían caído en manos de Hitler. Los países del Este fueron aliados títeres o directamente invadidos por Alemania, quedando sólo Inglaterra, desde su isla, haciendo frente al III Reich.

Pero la guerra frente al bolchevismo tenía que llegar, Stalin lo sabía, Hitler lo llevaba preparando años. La guerra de los nazis frente a los franceses fue muy diferente como fue contra los soviéticos, Francia sufre unas 800.000 bajas en toda la guerra, siendo el país totalmente invadido o controlado por gobiernos títeres, lo mismo pasa con los otros países occidentales, la bajas son altas sí, pero nada comparado con la barbarie que se realizará en el Este.

La guerra que empieza el III Reich contra la URSS, el 22 de junio de 1941, es una guerra de exterminio. La operación Barbarroja, la mayor en la historia, despliega más de 4 millones de soldados aglutinados en 225 divisiones, 600.000 vehículos, 725.000 caballos, 4.300 blindados, más de 7.000 cañones y 4.000 aviones, además de 19.000 trenes puestos a disposición del ejército. La plana mayor nazi esperaba tomar Moscú y Leningrado en varias semanas, provocando así la rendición incondicional del gobierno soviético, pero esto jamás sucedió. Goebbles en su diario deja impronta del avance de la guerra, y de como minusvaloran las fuerzas bolcheviques:

24 de julio:
J. Goebbles; ministro de propaganda
del gobierno nazi.
No podemos conservar duda alguna acerca del hecho de que el régimen bolchevique, que existe
desde hace casi un cuarto de siglo, ha dejado profundas huellas en los pueblos de la Unión Soviética [ ...]. Sería por lo tanto justo subrayar con claridad, frente al pueblo alemán, la dureza del combate que se libra en el este. Debe decírsele a la nación que esta operación es muy difícil, pero que podemos superarla y la superaremos

1º de agosto:
En el cuartel general del Führer [ ...] también se admite abiertamente que se ha errado un poco en la valoración de la fuerza militar soviética. Los bolcheviques revelan una resistencia mayor de la que habríamos supuesto; sobre todo los medios materiales a su disposición son mayores de lo que pensábamos

19 de agosto:
El Führer está en privado muy irritado consigo mismo por el hecho de haberse dejado engañar hasta tal punto sobre el potencial de los bolcheviques, a través de los informes provenientes de [agentes alemanes enviados a] la Unión Soviética. Sobre todo su subestimación de la infantería acorazada y la aviación del enemigo nos ha creado muchos problemas. Ha sufrido mucho. Se trata de una grave crisis [...]. Comparadas, las campañas llevadas a cabo hasta ahora eran casi paseos [...]. En lo que respecta al oeste el Führer no tiene ningún motivo de preocupación [...]. Con nuestro rigor y objetividad los alemanes siempre hemos subestimado al enemigo, con la excepción en este caso de los bolcheviques

16 de septiembre:
Hemos calculado el potencial de los bolcheviques de modo completamente erróneo.1

La preparación llevada a cabo desde años atrás estaba sirviendo para que el avance de la Wehrmacht fuese costoso y penoso. Conforme el ejército nazi iba avanzando las atrocidades se iban cometiendo, millones de judíos soviéticos, eran llevados a campos de exterminio, también los prisioneros de guerra (unos 5 millones de soldados soviéticos) eran llevados a los campos, en total 18 millones de civiles soviéticos murieron a causa de la guerra, el objetivo era claro, el exterminio y esclavización de la “raza” eslava. Aun con esas dosis de crueldad nunca vistas, los soviéticos resistieron en el frente, y en la retaguardia alemana, partisanos se levantaban a miles sobre todo en las zonas de Ucrania y Bielorrusia. Detallar las crueldades nazis en los territorios soviéticos sería elevar este blog a la altura del gore. La misión histórica del fascismo, y en concreto de Hitler, era acabar con el movimiento obrero organizado, con las esperanzas revolucionarias, y fue avanzando en su objetivo poco a poco, sin importar los medios. Acabar con la URSS era el fin último de esa misión histórica.

Sin embargo, ni en dos años, los nazis lograron alcanzar sus objetivos. Leningrado fue sitiada durante más de 1000 días, cayendo más de 1 millón de soviéticos en el asedio (más que todos los caídos en Francia durante 6 años de guerra). El ejército rojo rechazó a las tropas nazis a las puertas de Moscú, en una batalla decisiva, y finalmente, al Sur, en Stalingrado, los nazis sufrieron su mayor derrota, después de más de un año de batalla y tras 2 millones de muertos entre ambos bandos, la Wehrmacht empezaba a retirarse.

A partir de 1943 el avance del ejército rojo fue imparable, acabando así con el 80% de ejército nazi (Se calcula que unos 10 millones de alemanes pasaron por el frente oriental, de los cuales de 6 a 7 millones serían bajas), las mejores divisiones de la Wehrmacht cayeron en el frente oriental, un frente que dejó más de 40 millones de muertos, entre civiles y militares de ambos bandos. Finalmente, el 9 de mayo de 1945, tras 4 años de guerra en en frente oriental, tras 40 millones de muertos, se proclamó la victoria frente al fascismo.

El 20% de los ucranianos, el 20% de lo bielorrusos, el 20% de los polacos y el 10% de los rusos (15% de los soviéticos), cayeron en la “Gran Guerra Patria”, probablemente sea el mayor esfuerzo que una sociedad haya realizado jamás, para acabar con el enemigo más cruel que jamás se ha visto en la faz de la tierra.

A día de hoy, debemos analizar la historia con los datos que los historiadores han rescatado y no a través de las películas que hemos visto. Los que acabaron con el nazismo fueron los soviéticos, 27 millones de almas tienen un peso sobre la historia que ninguna película, por muy buena que sea podrá borrar. Tampoco debemos menospreciar los esfuerzos de otros países y de otras sociedades, pero debemos de tener claro quienes soportaron el mayor peso en la guerra, saber que la propaganda de EEUU está focalizada para hacer ver que su aportación fue la más determinante, invisibilizando a su vez a su enemigo de la guerra fría.

Tabla de bajas en la Segunda Guerra Mundial:
PaísMilitaresCivilesTotal
URSS8.700.00018.300.00027.000.000
China1.324.00010.000.00011.324.000
Alemania3.250.0003.810.0007.060.000
Polonia850.0006.000.0006.850.000
Japón1.300.000700.0002.000.000
Yugoslavia300.0001.400.0001.706.000
Rumanía520.000465.000985.000
Francia340.000470.000810.000
Hungría--750.000
Austria380.000145.000525.000
Grecia--520.000
Estados Unidos500.000-500.000
Italia330.00080.000410.000
Checoslovaquia--400.000
Reino Unido326.00062.000388.000
Países Bajos198.00012.000210.000
Bélgica76.00012.00088.000
Finlandia--84.000
Canadá39.000-39.000
India36.000-36.000
Australia29.000-29.000
Albania--28.000
España12.00010.00022.000
Bulgaria19.0002.00021.000
Nueva Zelanda12.000-12.000
Noruega--10.262
África del norte9.000-9.000
Luxemburgo--5.000
Dinamarca4.000-4.000
Brasil4436071.050
Colombia16330193
México8523108
Venezuela601070
Total--61.820.385

El día de la victoria no es un día sólo para los países del este, es un día para toda la humanidad, un día también, en el que debemos rendir tributo a la sociedad soviética por aguantar lo inimaginable, por cumplir un papel histórico que quedará en los anales hasta el fin de los días. 

No debemos olvidar que Hitler pudo vencer, unas preguntas para la reflexión; ¿Que hubiese pasado si Hitler no hubiera atacado la URSS? ¿Que hubiese pasado si la URSS no se hubiese preparado para la guerra desde tanto tiempo atrás? ¿Hubiese logrado vencer al nazismo sin aplicar métodos brutales como las purgas al ejército o al partido o la industrialización y colectivización forzadas? ¿Por qué Hitler se empeñó en atacar a la URSS y en invertir todos sus esfuerzos allí sin todos los intentos históricos fracasaron? Y sobre todo ¿Por qué a día de hoy se sigue viendo como ganador en la segunda guerra mundial a los EE.UU?



1Lossurdo, Domenico; Stalin, Historia y crítica de una leyenda negra

miércoles, 19 de febrero de 2014

Reseña de "El mito de la transición." de Ferran Gallego

GALLEGO, Ferran, El mito de la transición. La crisis del Franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977), Editorial Crítica, Barcelona, 2008

Ferran Gallego Margalef, nacido en 1953 en Barcelona, es doctor en historia contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona donde imparte clases a día de hoy. Autor de tradición marxista es conocido por sus estudios sobre la extrema derecha europea, alemana, italiana, francesa… y latinoamericana, además de realizar investigaciones sobre el fascismo en España y sobre la guerra civil. También es colaborador del diario El Mundo en su edición catalana. El libro sobre el que versa la reseña es su penúltima publicación “El mito de la transición” de 2008, con una temática nueva comparada con sus anteriores publicaciones, pero no desligada del todo, ya que la transición o el fin del franquismo marcaron el fin del gobierno de la extrema derecha en España y la apertura hacia el sistema democrático-parlamentario en el que vivimos hoy.[1]

Ferran Gallego


Líneas magistrales de la argumentación.

“El mito de la transición” es una obra que pretende arrojar nuevas luces al periodo fundacional del sistema político actual, Gallego destierra todas las versiones mitificadas que desde la oficialidad se han dado, versiones –las oficiales- que siguen siendo dominantes a día de hoy entre la sociedad civil –ya no tanto entre historiadores-. Todo sistema político necesita de un mito fundacional, y los intelectuales orgánicos del régimen del 78 elaboraron su versión oficial de los hechos, donde se muestra una transición pacífica, modélica para el resto del mundo, donde la dictadura queda olvidada y la democracia se abre paso de forma limpia y segura, donde el propio régimen “se da cuenta” tras la muerte de Franco –o incluso antes-, de su inevitable democratización, siendo los propios franquistas los propulsores del cambio. Según esta versión, será en los despachos donde los hombres de estado –del franquismo y de la oposición (“pacto entre caballeros”)- llevarán entre bambalinas este arduo proceso hasta buen puerto, desembocando en el sistema que hoy conocemos.[2]

Para Gallego esta versión es un mito que se ha ido orquestando mientras la propia democracia liberal se ha ido desarrollando. Durante todo el libro traza una secuencia cronológica desde la llegada de Arias a la presidencia del gobierno –a finales de 1973- hasta las primeras elecciones democráticas en Abril de 1977, trazando una historia política muy documentada y entrando en los terrenos del análisis más profundo de las estructuras políticas y sociales.

Crisis de régimen

Para el autor el proceso que acabará denominándose “transición” nace a partir de una crisis orgánica[3], una crisis de régimen que viene dada principalmente por el agotamiento del edificio franquista debido a la exclusión de buena parte de la sociedad que no se siente satisfecha en sus condiciones socioeconómicas y que viene movilizándose y organizándose desde finales de los cincuenta y principios de los sesenta, esto, unido a la crisis económica (crisis del petróleo 1973) y a la situación internacional, en la que España –junto a Portugal- se convierte en un reducto aislado de autoritarismo nacional-católico, hacen que realmente se llegue a 1973 en una situación de crisis orgánica.

El franquismo ante la crisis.

Esta crisis intentará ser soliviantada por el propio régimen desde diferentes perspectivas, la reformista, la inmovilista y la aperturista, pero todas con una misma finalidad, el mantenimiento del edificio franquista con más o menos cambios, este intento de readaptación del régimen se da dentro de la habitual retórica franquista de la ambigüedad “cambiarlo todo sin cambiar nada”. [4]

Para Gallego, la heterogeneidad dentro del cuerpo franquista no lleva a una clara dicotomía entre inmovilistas y aperturistas o reformistas, ya que todos comparten la misma moralidad; su aceptación del golpe de estado como fuente de legitimidad del régimen[5], dentro del franquismo no hay “demócratas”, sólo hay franquistas cuya finalidad es mantener sus privilegios como élite política. La verdadera división entre franquistas y demócratas se ejemplifica con los sucesos que rodearon las ejecuciones del 27 de Noviembre de 1974[6]. El sujeto democrático-rupturista será la oposición, que seguirá en la clandestinidad hasta más allá de la muerte del dictador. ¿Cómo se iba a pasar de una dictadura a una democracia sin una ruptura?

¿Y después de Franco qué?

Para Gallego tras la muerte de Franco la velocidad de los acontecimientos cambia, el heredero será Juan Carlos de Borbón, cuya legitimidad emana únicamente de los designios del dictador, lo cual limita su actuación política, el primer gobierno de la monarquía será continuista liderado por Arias Navarro –gobierno olvidado por los creadores del mito que dan a la monarquía una papel democratizador desde el principio-, para el autor este primer gobierno buscará la no fragmentación de la familia franquista, un entendimiento entre los sectores del poder, siguiendo directamente los designios del dictador ya fallecido. Sin embargo la entrada de lleno en acción del movimiento obrero y de la oposición[7] pondrá entre la espada y la pared al monarca, que tras un 1976 cargado de huelgas y movilizaciones destituirá a Arias Navarro nombrando a Adolfo Suárez presidente del gobierno.



Para Gallego las intenciones son claras, se pasa de una búsqueda de entendimiento entre los sectores franquistas a una estrategia de acercamiento entre los sectores más avanzados del reformismo franquista y la oposición democrática. Suárez cumple el papel al ser un político joven, que controla el aparato franquista –ministro del movimiento-, carece de proyecto propio –a diferencia de Fraga o los inmovilistas- lo cual le hace más flexible ante la nueva coyuntura y además se le atribuía una gran intuición política.

La legitimización del reformismo posfranquista.

Sin embargo el gobierno de Adolfo Suárez parte de la misma falta de legitimidad ante la oposición democrática que los gobiernos anteriores, para Gallego esta legitimidad será ganada aplicando medidas reivindicadas por la oposición, como la amnistía política, la famosa reforma política y sobre todo la legalización del Partido Comunista de España[8]. Estas medidas junto a la retórica populista del gobierno hicieron situar a Adolfo Suarez como el “gobierno del cambio”[9], mostrándose así como un actor capaz de sacar adelante los cambios políticos. Efectivamente Suárez no aplicó un programa predeterminado, fue capeando el temporal respondiendo a la circunstancias teniendo como objetivo siempre la no ruptura total con el régimen anterior. Gallego concluye que para el bloque reformista no era su objetivo la democracia, si no que esta fue resultado de una serie de choques entre diferentes fuerzas, la transición fue un proceso dialéctico entre varios sujetos con una fuerza determinada, no un suceso político predeterminado por el gobierno ni mucho menos por la monarquía.


La oposición democrática y su derrota.

Para Gallego, la oposición perdió su oportunidad que debería haber rentabilizado en el periodo anterior –el gobierno de Arias Navarro- mientras Suarez ganaba reconocimiento, la oposición democrática liderada por el PCE se iba laminando gracias en parte a la astucia de equipo gubernamental, que jugó a dos bandas entre el PSOE y el PCE, siendo el objetivo último del gobierno el hundimiento del Partido Comunista. Un PCE hegemónico en la oposición acabó desmorándose en un juego de contradicciones y de errores políticos y de análisis –como creer que el franquismo era una cascarón vacío, carente de base social- mientras el PSOE con mayor astucia política, financiación extranjera y trato de favor por parte del gobierno –en comparación con el PCE- paso de ser un partido anecdótico en la clandestinidad al gran partido de la izquierda en el régimen del 78[10]. Para Gallego la derrota final del movimiento de oposición frente al reformismo de Suárez, se daría en la huelga de Noviembre de 1976, una huelga que aun siendo masiva no resultó lo suficientemente potente como para superar la fuerza del gobierno, muy reforzado por las iniciativas anteriormente mencionadas.

La democracia “a la española”

Con una oposición dividida, el control del aparato del estado,  de los medios de comunicación y sobre todo, con la iniciativa política, el gobierno de Suarez consiguió su principal objetivo, que buena parte de la élite franquista se mantuviera en el nuevo régimen, lo cual no significa “que nada cambiara”, Gallego pone énfasis en ello, la transición conllevó grandes cambios, cambios políticos que llevaron a la consolidación de la actual democracia Española. Una democracia que es producto de una correlación de fuerzas determinada en un momento preciso, donde el sector reformista del franquismo es la fuerza política que lleva la batuta, lo cual conllevará a déficits democráticos –analizados desde hoy- como puede ser la ley electoral pieza clave en la elaboración de cualquier sistema político.

Conclusiones[11]

Durante todo el libro Gallego hace un análisis de las élites políticas, de cuáles fueron las causas que les llevaron a actuar así, no simplemente de sus actuaciones. La transición fue un proceso mucho más complejo que el relato oficial del mito, un choque entre el franquismo en crisis con una voluntad clara de mantener su régimen y una oposición democrática creciente y movilizada pero dividida, minoritaria y con errores estratégicos, una pugna que debemos de situar en el contexto internacional, con intereses claros de las diferentes potencias extranjeras.

Ferran Gallego en definitiva se sumerge en las causas, en las motivaciones que llevaron a los diferentes escenarios políticos y al desenlace final. Haciendo acopio de una extensísima cantidad de fuentes exhaustivamente estudiadas. La crítica es inherente en todo el texto, no sólo al franquismo reformista o inmovilista, si no sobre todo a la oposición democrática y a su “falta de energía”[12], lo que ha conllevado según el autor a los déficits democráticos que hoy arrastramos. En todo el texto subyace la idea de la falta de análisis por parte de las élites políticas en esos momentos claves y también la gran capacidad de Suarez para dar respuesta a los acontecimientos.

En el último capítulo de conclusiones La paga del soldado, hace un lúcido análisis resumido de lo que para él vino a representar finalmente la transición, el título del capítulo –La paga del soldado- es una metáfora sublime sobre lo que representó la transición para los demócratas, haciendo referencia a las pagas que recibían los soldados en el servicio militar obligatorio, algo simbólico que era muy bien recibido por los reclutas, pero que nada tenía que ver por las horas y esfuerzos invertidos en la mili por parte de esos jóvenes. Para Gallego los que dejaron sangre y sudor en la lucha por la democracia recibieron esa “paga del soldado” con la transición y los derechos y libertades conquistadas, conquistas que fueron muy bien recibidas en una “fiesta democrática” pero que vistas con perspectiva se quedaron cortas en relación a los esfuerzos invertidos, sobre todo por aquellos que dieron su vida y todos sus esfuerzos por derrotar al franquismo. En palabras de Gallego: “Para mí, el principal fruto (de la transición) es que se consigue que la élite política del franquismo controle el proceso de reforma y que, pese a llevarlo más lejos de lo que quería, siga controlando el aparato del Estado. El bloque social que apoyó el franquismo es intocable. Ningún sector económico se ve afectado y la Iglesia mantiene privilegios.”[13]

domingo, 1 de septiembre de 2013

Unas cuantas razones para estar orgulloso de ser comunista #OrgulloComunista

Hoy es Trendin Topic mundial #OrgulloComunista, y como en un tweet no me caben todos los motivos por los que estar orgulloso del comunismo lo escribo aquí:

Orgulloso de todos aquellos que han luchado contra la injusticia desde el principio de los tiempos, porque el comunismo es acabar con las contradicciones que existen en la sociedad, no es una hoz y un martillo.

Orgulloso de haber sido capaces de desarrollar un método de análisis y actuación para acabar con todas esas injusticias; el Marxismo.



Orgulloso de nuestra historia, de nuestro pasado, porque me parece cobarde criticar a aquellos que lucharon y se sacrificaron para mejorar sus vidas y las de todos, simplemente para justificarte en la actualidad, repitiendo los argumentos de los privilegiados.

Orgulloso del movimiento obrero, liderado por comunistas que ha sido el que ha conquistado todos los derechos que hoy nos quitan, desde trabajar 8 horas, hasta el paro, la jubilación, la educación pública, la sanidad…

Orgulloso de haber sido capaces de tomar el poder en diferentes continentes y en diferentes momentos, demostrando que la revolución es posible, destruyendo así el mito de la burguesía “luchar no sirve para nada”.

Orgulloso de haber derrotado a los nazis. Porque el 70% del ejército de Hitler cayó en el frente del Este, no en Normandía.


Orgulloso de la resistencia partisana, porque fueron los comunistas los que se sacrificaron luchando contra Hitler y Mussolini desde la retaguardia.

Orgulloso de los comunistas en la guerra civil española, porque supieron interpretar cual era la forma de ganar la guerra a favor de la democracia, aunque Francia e Inglaterra traicionaran al gobierno republicano.

Orgulloso de que la URSS fuera en único país que apoyara a la democracia española.

Orgulloso de que aún tras la derrota en la guerra civil, los comunistas fueran los únicos que siguieron luchando contra el franquismo, desde el día que empezó la guerra hasta hoy. Muchos hombres y mujeres sacrificaron su vida o su libertad por acabar con el fascismo, y aun a día de hoy no tienen ningún reconocimiento.

Julián Grimau, asesinado y torturado por el franquismo 1911-1968

Orgulloso de que el primer país socialista en la historia fuera capaz de plantar cara al Imperio capitalista durante tantos años, siendo que partía con una desventaja abismal.

Orgulloso de que los mejores hombres en todos sus campos fueran comunistas: Neruda, Chaplin, Einstein, Oppenheimer, Einsenstein, García Márquez, Alberti, Picasso, Miguel Hernández, Marx, Engels, Lenin…

Orgulloso de que allí donde hemos triunfado hemos mejorado el nivel de vida de todas las personas.

Orgulloso por el comunismo no sólo es historia, es actualidad, porque Cuba sigue resistiendo y siendo referente para millones de personas y para muchos procesos políticos.


Orgulloso porque el comunismo también es un impulso natural –incluso animal- que tenemos los seres humanos de acabar con la injusticia, por eso por mucho que nos manipulen o exterminen jamás acabarán con nosotros.

Orgulloso de que aún tras la caída de la URSS, del bloque socialista y del “fin de la historia”, hayamos sido capaces de recomponernos, poco a poco, “tarpenie, tarpenie”.

Orgulloso de que hoy en día haya comunistas que se han hecho un hueco en los espacios televisivos y que se son capaces de luchar por la hegemonía.

Orgulloso de que siga existiendo el Partido Comunista, y que se vaya recomponiendo y reestructurando poco a poco, porque sin partido, sin organización jamás, habrá revolución.




Orgulloso de que hoy haya miles de comunistas españoles reivindicando su orgullo, porque SU cultura nos quieres hacer pensar que es motivo de vergüenza, y aun con su asedio somos capaces de sacar pecho y decir que estamos orgullosos de lo que somos: COMUNISTAS.

jueves, 18 de julio de 2013

18 de Julio, día de la resistencia antifascista

El 18 de Julio de 1936 aparece en nuestra memoria colectiva como el día del golpe de estado dado por los generales franquistas del ejército español contra el Frente Popular y a la larga contra la República Española y contra la democracia. Sin embargo el 18 de Julio es mucho más, también marca el inicio de la resistencia antifascista contra el golpe y por la democracia.

Antifascistas madrileños

Durante las siguientes semanas al golpe, en aquellas zonas donde el movimiento obrero estaba más extendido y mejor organizado se dio un hecho sin precedentes en la historia de España. Por primera vez y de forma espontanea, el pueblo español se echó a las calles a pedir las armas para luchar contra el fascismo y el golpe de estado, de esta forma el golpe dado por los generales sublevados fracasaría al no triunfar en toda España, es más, la mayor parte del territorio y la mayor parte de la población se situó en el lado republicano, de esta manera fracasará el golpe de estado, lo que a la larga supondría el inicio de la guerra civil, la guerra más sangrienta vivida en España.

Si nos fijamos en las zonas que apoyan a la república y que se manifiestan contra el golpe podemos ver que son las zonas más industriales (Cataluña, Madrid, Valencia, País Vasco, o Asturias), es decir, donde el movimiento sindical y político tiene más fuerza. Si observamos la historia de España todos los golpes y algaradas protagonizadas por el ejército triunfan sin apenas resistencia, sólo con la organización de la clase trabajadora a través de sus sindicatos de clase –CNT y UGT- y de sus partidos políticos de carácter obrero –PCE, PSOE o POUM- se consiguió frenar el atentado a la democracia.

Mapa de la división de España tras el golpe de estado y la resistencia antifascista.


El heroico papel de aquellos que salieron a la calle a luchar contra la injusticia no se puede entender sin el papel de las organizaciones de clase que llevaban años madurando y aprendiendo de experiencias como la Italiana o la Alemana, el 18 de Julio de 1936 se convierte en un hito para la historia del antifascismo mundial, siendo la primera vez en la historia que el fascismo es frenado por la movilización de la clase trabajadora. Cientos de miles de hombres y mujeres de toda clase y distinción se convirtieron automáticamente en ejemplo para los trabajadores del mundo, llegando a tal punto su ejemplo, que más de 50.000 hombres y mujeres de todo el mundo se alistaron voluntarios para socorrer a la república de manos de las Brigadas Internacionales organizadas por la Internacional Comunista.

Imagen de la llegada de la Brigadas Internacionales

La solidaridad de los trabajadores del mundo sólo fue respaldada por la de un estado, la Unión Soviética, las democracias occidentales dieron la espalda a la República, la no intervención de Inglaterra y Francia supondría finalmente el fracaso de la República en la guerra civil, mientras, Italia y Alemania enviaban miles de soldados y de maquinaria bélica que acabaría destrozando a la República.

Sin embargo la historiografía revisionista –que no dudemos que es la imperante en librerías y bibliotecas de nuestro país- niega el papel de estos héroes de la democracia, apuntando que la guerra civil española  se dió, o bien por los “fracasos” de la república o por las intentonas del movimiento obrero de tomar el poder, como en Octubre de 1934. Nada más lejos de la realidad, si la guerra civil se produjo hubo un único sujeto responsable, aquellos que dieron el golpe de estado contra el orden legítimo de la República Española. Tampoco olvidemos que aquellos que respaldaron el golpe fueron los oligarcas y la iglesia católica.

A día de hoy, lo más lamentable que debemos sufrir los antifascistas españoles es el olvido y entierro de la memoria de aquellos que lucharon por la democracia, empezando su sacrificio tal día como hoy hace 77 años, el 18 de Julio de 1936. A día de hoy, tras tres cuartos de siglo, el estado español no reconoce a los luchadores por la democracia,  mantiene estancada su memoria y sus cuerpos fusilados en las cunetas de las carreteras españolas. Si vemos lo ocurrido en otros países europeos no puede más que caérsenos la cara de vergüenza, pero lo cierto es que aquí venció el fascismo, y que tras el fin del franquismo, ningún gobierno se ha preocupado de forma seria por recuperar la dignidad de todos aquellos caídos por la democracia, mientras los herederos de este régimen, desde el punto de vista político –el Franquista Fraga fue enterrado con honores de estado el año pasado- y el económico –si repasamos la lista del Ibex 35 y de sus directivos podemos ver qué papel tuvieron ellos o sus predecesores en el franquismo- siguen gobernando y mandando en este país.


Hoy más que nunca debemos recuperar la memoria de esos luchadores, que creían en otra España, en la España de los trabajadores, de la cultura, de la igualdad, de la solidaridad y de la democracia, esa España que el fascismo nos arrebató y que todavía no hemos reconquistado.


martes, 16 de julio de 2013

Reseña de "A Sangre y Fuego" de Enzo Traverso


Tras bastante tiempo sin actualizar el blog por fin publico una entrada que no es más que un trabajo de la carrera. Sin embargo, espero que con esta reseña del libro "A Sangre y Fuego" de Enzo Traverso, a alguno le entren ganas de leerlo, porque sin duda es una de las mejores obras de historia social escritas en el siglo XXI, imprescindible para conocer y entender la génesis del fascismo y del genocidio, ahí lo dejo:

TRAVERSO, Enzo, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), Publicacions de la Universitat de València, Valencia, 2009 [2007].

Enzo Traverso es un historiador italiano nacido en 1957, de raíces profundamente marxistas, es hoy en día uno de los máximos exponentes de la historia social y cultural. Estudió en la Universidad de Génova y obtuvo su doctorado en la escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Actualmente es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Picardía Julio Verne, en Francia, ha colaborado con multitud de universidades, entre ellas la universidad de Zaragoza. Empieza a publicar sus principales obras a finales de los noventa, centradas en el contexto de la “Guerra civil Europea” de 1914 a 1945, siendo los temas a tratar; la cuestión judía y sus intelectuales, los marxistas y la violencia. Forma parte de la nueva hornada de historiadores sociales que centran sus estudios desde una perspectiva cultural.[1]

(Enzo Traverso)

La obra a tratar A sangre y fuego fue editada por primera vez por Éditions Stock en 2007, y en castellano en 2009 a través de Publicacions de la Universitat de Valencia, traducida por Miguel Ángel Petrecca y revisada por Gustau Muñoz.

1. Líneas magistrales de argumentación.

Es una obra de síntesis que abarca las fechas ya mencionadas pertenecientes a lo que el autor denomina Guerra Civil Europea, su perspectiva no es lineal ni descriptiva, si no conceptual y analítica. Traverso va analizando diferentes puntos imprescindibles para entender este periodo histórico, teoriza que es una guerra civil y a partir de aquí va explicando los porqués de la violencia, sin centrarse únicamente en la víctimas si no en las culturas y en las mentalidades de los verdugos ¿Qué y quién genera esa violencia? ¿Cómo se llega a la guerra total? ¿Quién asume estos discursos y porqué los asumen? ¿Cómo actúan los vencedores tras la guerra? ¿Cuál es el papel del estado? ¿Y el de los intelectuales? Traverso intenta arrojar respuestas a estas preguntas y a
La primera guerra mundial por Otto Dix
muchas más que pocas veces se han realizado los historiadores, o que si se las han realizado no han llegado a una síntesis como la que recoge Traverso en A sangre y fuego. El libro está marcado por las contantes referencias bibliográficas a una infinidad de autores de todo signo e ideología, desde el católico alemán Carl Schmitt ideólogo del nazismo –el cual usa como referencia en todo el texto-, pasando por Keynes, Clausewitch, todo tipo de historiadores –marxistas, conservadores, liberales…- hasta el político “estalinista” italiano Palmiro Togliatti, además el libro está trufado de referencias culturales de cineastas, literatos, pintores o poetas de todo signo político.

2. 1914 como fecha de inicio

La fecha de inicio que pone Traverso a la guerra civil -1914- es significativa, ya que no todas las tendencias historiográficas están de acuerdo con este punto, en la propia Obertura del texto, Traverso hace una crítica al historiador conservador alemán Ernst Nolte –que es quien acuña en última instancia el término Guerra civil europea-, este argumenta que la fecha de inicio debería ser 1917, el año de la revolución rusa, según Nolte esta supondría el desequilibro político y social que desencadenaría la asunción del fascismo por parte de las clases dominantes italianas y alemanas frente a la amenaza bolchevique. Traverso y otros historiadores sociales –como E. Hobsbawm o J. Casanova-  argumentan que; primero es incomprensible la revolución de Octubre sin entender la primera guerra mundial, y que el fascismo no aparece únicamente por contraposición al bolchevismo, si no que sus raíces son mucho más profundas y provienen en gran parte de la experiencia dramática de la gran guerra. Uno de los puntos centrales del libro de Traverso es analizar como la cultura que genera la Gran Guerra –en el capítulo Imaginarios de Violencia- es precursora de la ideología fascista.

3. El término guerra civil europea

Traverso prosigue analizando el término Guerra Civil Europea. ¿Qué diferencias hay con una guerra tradicional entre estados? La diferencia fundamental –según el autor- nace de la naturaleza antagónica entre los contendientes, la guerra civil no busca una paz pactada que suponga pequeños avances o ventajas para el ganador, si no que esta solo se puede solucionar con la derrota total de uno de los dos bandos, la guerra civil enfrenta a dos “relatos” a dos concepciones de la sociedad, necesariamente uno debe de desaparecer, debe de ser totalmente derrotado para que el otro triunfe. Para el autor hay dos precedentes claros de guerras civiles europeas, la primera sería la Guerra de los treinta años en el siglo XVII, donde no solo se enfrentan los estados más poderosos de Europa, si no que determinó las premisas del estado moderno absolutista frente al feudal y también enfrentó dos visiones del cristianismo, la protestante y la católica, que profundizan mucho más allá que las meras visiones que cada uno de los contendientes tiene de la iglesia.

La segunda guerra civil europea comenzaría con la Revolución Francesa en 1789 y acabaría con la derrota de Napoleón en 1815 y el segundo tratado de París, otra vez vuelve a ser una guerra que no sólo enfrenta a estados, si no que enfrenta dos concepciones del mundo, la liberal impulsada por la clase emergente –la burguesía- y el Antiguo Régimen representado por las aristocracias, la nobleza y las monarquías europeas. El argumento liberal es simple y maniqueo, “amigos o enemigos de la libertad” esta dicotomía se repetirá en todas las guerras civiles.

Tras el fin de la segunda guerra civil europea se entraría en la llamada “Paz de los 100 años” que se mantendría hasta 1914 y que se sustenta en cuatro pilares fundamentales; el equilibro entre potencias, el patrón oro, la economía liberal unida a la revolución industrial y el estado de derecho con ciertas libertades constitucionales. Es falso que no haya guerras durante este periodo, pero las que hay que se basan en el absoluto respeto entre naciones “iguales”, que forman parte de un mismo corpus liberal y que mantienen un nivel similar de desarrollo de las fuerzas productivas. Durante esta paz se normativiza la guerra, se firman diferentes convenciones que hagan de estas guerras unos “duelos justos entre contendientes iguales”, las guerras de este periodo no pasan más allá de unas pocas batallas donde vence un contendiente que obtiene beneficios de una paz firmada entre el respeto mutuo, y donde los dos (o más) estados reconocen el honor del adversario. Este clima de paz generará una cultura y unas mentalidades que se romperán totalmente en la Gran Guerra.

4. La guerra total

La Gran Guerra es la primera guerra total de la historia, la primera que implica a los civiles de forma masiva y que mecaniza e industrializa los engranajes bélicos. Esta supone unos niveles de exterminio y destrucción jamás vistos. Pero ¿Existen precedentes de esta guerra total? Traverso nos demuestra que si, el más claro y cercano se da durante el siglo XIX en la colonización de África. Mientras en Europa la guerra es respetuosa y está normativizada, en África todo vale, civiles y soldados se confunden, según Traverso la diferencia sustancial radica en la percepción del otro. Mientras los europeos forman parte de una misma familia, comparten una historia y son “el adalid y cumbre de la civilización humana” los africanos son salvajes, que no se organizan como europeos ni responden a los mismos principios civilizatorios, por lo tantos son dignos de exterminio y deben ser culturizados y civilizados. Esta percepción del otro unido al desarrollo tecnológico hará que Engels profetizara en 1888 que la siguiente gran guerra europea enfrentaría a estados tan sumamente desarrollados y totalizados que llevaría a millones de muertos y a una destrucción total de Europa[2].

Para el autor con la llegada de la guerra total, los esquemas culturales europeos quedan destruidos, el progreso ha llevado a la mayor destrucción jamás vista, uno de los contendientes, la Rusia zarista, ha sido víctima de una revolución proletaria que rompe todos los esquemas clásicos y hace temer la expansión revolucionaria, además la guerra ha generado una “cultura de guerra” consistente en la “brutalización” del lenguaje y en la “militarización” de las formas de hacer política, ya no se enfrentan concepciones del liberalismo más conservadores o más progresistas, 1914 ha hecho que surjan a la palestra otras formas de hacer política que representan modelos de sociedad totalmente diferentes, según Traverso la Gran Guerra llevó a la lucha política total entre proyectos irreconciliables. La primera guerra mundial abre el periodo de la guerra civil europea (1914-1945) que está atravesada por la guerra entre estados, las guerras civiles dentro de estos estados, las luchas de liberación y todas estas a su vez transversalizadas por la lucha de clases. El clima de guerra civil es constante durante estos 31 años, a parte de las dos guerras mundiales hay multitud de guerras civiles en el periodo, desde la rusa –del 18 al 23- hasta la española –del 36 al 39-, que preconizará la segunda guerra mundial que es a su vez un compendio de guerras civiles, de liberación y entre estados.

5. La génesis del fascismo

Sin duda el espacio que tiene el fascismo y su surgimiento en el libro de Traverso es clave, sus análisis sobre el tema son esclarecedores y dignos de una reseña aparte:

5.1. Anomia y culturas de guerra

Según Traverso durante la guerra civil se alcanza la anomia, es decir la incapacidad de la estructura social de dar respuesta a parte de sus individuos que se ven incapaces de cumplir su función social, este término es clave para entender el surgimiento del fascismo, que a su vez es pieza indispensable en la guerra civil europea.

Soldados alemanes en la Gran Guerra, entre ellos un joven Adolf Hitler


Traverso analiza en su apartado “Culturas de Guerra” como la guerra total, la muerte masiva, mecánica de los contendientes, generará a posteriori una cultura en los combatientes inexplicable sin los preceptos de la guerra total. Estos soldados se convierten en outsiders tras la guerra, han sido víctimas del peor horror sufrido por la humanidad y además –en los países derrotados y en Italia con su “victoria mutilada”- ven como su nación es humillada por las cláusulas de guerra y azotada por las intentonas revolucionarias. Italia será el primer país donde uno de estos excombatientes, Mussolini, sea capaz de convertir ese sentimiento anómico en una propuesta política que finalmente recibirá el apoyo de las clases dirigentes y que adoptará por nombre Fascismo. Pero será la llegada de Hitler al poder en 1933, la que situé realmente al fascismo como un fenómeno internacional –de tal manera que los comunistas serán capaces de salir del sectarismo caracterizado por su ataque a la socialdemocracia y avanzarán hacia la táctica del frentepopulismo para combatir al fascismo-.

5.2. El miedo y el odio

El miedo es un término clave para Traverso, en los países derrotados es evidente que este miedo ante la adversidad,- ante la derrota, ante el castigo, ante la crisis económica del 29 y sus consecuencias, en general ante la imposibilidad del sistema resultante de la guerra de asumir la sociedad de masas y las reivindicaciones de los outsiders-, generará una histeria que será canalizada por los fascistas para tomar el poder y para edificar su sistema social. El miedo  se transforma en odio y este se desplaza hacia las minorías –como los judíos en Alemania- o hacia los comunistas. El odio a los judíos ya está patente en la sociedad alemana, Hitler lo exacerba y lo materializa, el miedo hacia los comunistas es potenciado por los poderes económicos que temen la expropiación de sus propiedades y asumido por las clases medias que tras la crisis económica se ven en riesgo de proletarización.

5.3. El estado excepcional

El nazismo en el poder se conforma como una dictadura, ya no clásica como analiza Traverso en el primer capítulo, si no como un estado excepcional, que se dota de un aparato legal para aquello que le interesa –mantener su sistema de propiedad- y de otro ilegal, mediante el cual elimina a los “enemigos del pueblo”, este genera que en Alemania durante el nazismo se viva un estado de guerra civil permanente, el otro, el chivo expiatorio, es negado, es eliminado sistemáticamente desde fuera de la ley, hay una legalidad para los alemanes que apoyan nazismo y un vacío legal para los enemigos, están fuera, deben de ser eliminados. La guerra se conforma así como el centro del mundo fascista, tiene su lógica si entendemos que el fascismo es propio e inconcebible sin la cultura de guerra que genera el conflicto del 14 al 18.

6. El papel de la juventud

Para ayudar a comprender como se generan estos cambios, me parece de vital importancia el capítulo que Traverso dedica a la Juventud Masculina, en el analiza como el crecimiento poblacional propio de esa pax burguesa  de los 100 años, acompañado de la revolución industrial y el consecuente desarrollo –sin parangón en la historia de la humanidad- de las fuerzas productivas hacen que la población se multiplique en los países europeos, la juventud en el periodo de la guerra civil europea, es sin duda el sector poblacional más importante no sólo por su número si no por su nivel de movilización y politización. Traverso analiza como los líderes bolcheviques en 1917 apenas superan los 30 años, al igual que los líderes fascistas alemanes e italianos cuando llegan al poder no superan los 40 años de edad, es la generación de la Gran Guerra, que está rompiendo con la generación anterior, la decimonónica del duelo justo entre enemigos iguales.

7. La guerra total contra los civiles

Esclarecedor es el capítulo que el autor dedica a la guerra contra los civiles, sobre todo la parte que habla de la segunda guerra mundial. Son sorprendentes las diferencias abismales entre el frente oriental y el occidental. Durante la segunda guerra mundial “apenas” 1.2 millones de personas mueren en Francia, Gran Bretaña, Holanda y Bélgica[3], es decir, en el frente occidental, mientras que el oriental –los Balcanes, Polonia y la URSS- los muertos alcanzan los 31 millones, un porcentaje entre el 10 y el 20% de la población de esos países[4].

¿A qué se debe esta diferencia brutal? Según Traverso la guerra en el frente occidental mantuvo muchas de las premisas que se marcaban todavía en 1914, para Alemania, Francia y Gran Bretaña eran naciones dignas, a un nivel cultural y racial semejante –que nunca superior- al suyo, eran naciones que debía ser absorbidas y asimiladas por el III Reich, sin embargo, el este de Europa era considerado el espacio vital para la expansión de Reich. Fue una guerra contra el bolchevismo, por lo tanto una guerra ideológica, una guerra colonial, por la conquista del espacio vital y una guerra racial, contra los judíos –a su vez para los nazis todos los bolcheviques eran judíos- y contra los eslavos y asiáticos, no tan despreciables como los judíos, pero subhombres para la teoría racial nazi. Estas tres premisas desembocaron en lo que sin duda ha sido la guerra más cruel de este periodo. En occidente se respetaron a los civiles –excepto a las minorías y a los comunistas- en orienta la guerra era de exterminio. Al final del libro Traverso recuerda como los intelectuales de la época “olvidaron” la cuestión judía, que no sería rescatada hasta la década de los 70 y como los intelectuales antifascistas ignoran o directamente niegan los crímenes de la URSS durante el gobierno de Stalin, Traverso reflexiona “[el] olvido del estalinismo fue tan profundo como grave era la amenaza fascista”[5].

Traverso explica con este argumento, como es “entendible” que la entrada en Alemania del ejército soviético se saldara con tantísima crueldad, según su argumentación, cuanto mayor es la represión del atacante mayor es la depuración del defensor cuando logra triunfar, el autor nos lo ejemplifica al principio del libro con el ejemplo de su pueblo natal, cuando la resistencia logró entrar el día de la liberación al pueblo, lo primero fue buscar a los colaboradores para eliminarlos, y si no se encontraban suficientes, aquellos sospechosos de serlo, o que por su origen lo podrían ser  –como tener un apellido alemán- eran “ajusticiados”.

8. Apartado crítico y conclusión

A sangre y fuego a parte de lo reseñado es mucho más, resulta muy complicado hacer un resumen del cuerpo argumentativo del libro debido a que cada capítulo y cada entradilla tienen argumentos y tesis que darían para reflexiones de centenares de páginas. La principal virtud de este libro es su capacidad de síntesis, la cantidad de conceptos y de ideas que están resumidas en 226 páginas es increíble. El libro es un complemento indispensable para conocer el periodo histórico de 1914 a 1945, no analiza temas económicos ni hace un recorrido político, sus aportes se centra en el apartado cultural, por lo tanto es necesario apoyarse en otros trabajos para alcanzar una mayor profundidad, sin duda esos trabajos ya están realizados por otros historiadores, Traverso es consciente y se centra en los temas que todavía no están lo suficientemente desarrollados ni investigados. En la carrera se me ha recomendado este libro en varias ocasiones, y ahora entiendo el porqué de tanto aplomo, sin duda la lectura de este libro es fundamental para conocer con profundidad el periodo histórico de la guerra civil europea.

A sangre y fuego se nota que es el resultado de muchos años de trabajo, por parte de un historiador profesional enfocado hacia la historia social y cultural, buena prueba de ello es la cantidad de referencias bibliográficas y la disparidad de estas, desde ultimísimos estudios de la violencia republicana en Zaragoza, pasando por las aportaciones teóricas del mayor ideólogo del nacional-socialismo hasta lecturas y referencias a panfletos bolcheviques de principios del siglo XX.

Hay una crítica muy concreta que sí que me gustaría plantear, cuando Traverso habla de la depuración hace referencia a la diferencia entre los juicios que hay tras la segunda guerra mundial, en la zona occidental y oriental, Traverso afirma que en la zona occidental la indulgencia es enorme, y que durante el periodo inmediatamente posterior, antiguos altos cargos del fascismo alemán e italiano siguen presentes en la primera línea de las magistraturas de las nuevas repúblicas italiana y alemana. Incluso un redactor de las leyes de Nuremberg de 1935 formó parte del gobierno de Adenauer[6], la indulgencia por parte de las autoridades aliadas fue –a mi juicio- excesiva con aquellos que edificaron el aparato del nazismo que recordemos fue causante directo de unos 60 millones de muertos. En el lado oriental la justicia fue más “justa” y un porcentaje mucho mayor de nazis y colaboracionistas fue sentenciado a muerte o a duras penas. Mi crítica viene no por lo que dice, si no por lo que deja de decir, no sé si es a consecuencia de la síntesis o si es un olvido consciente.

Es evidente –y la historiografía lo ha demostrado- que la indulgencia de los aliados con los derrotados se debió en gran parte a la necesidad de absorber esos cuadros altos e intermedios en los aparatos de los estados vencedores en su lucha contra el comunismo, conocemos la Operación Paperclip en la centenares de científicos nazis son reclutados por el servicio de inteligencia y militar norteamericano para poner al servicio de EEUU los adelantos nazis, también la Operación Gladio en la que cuadros intermedios de las SS, del ejército nazi y fascistas italianos se enrolan en una organización terrorista al servicio de la OTAN en lucha contra el comunismo en los países occidentales. Traverso no nombra en A sangre y fuego la intencionalidad política de estas absoluciones.  Más allá de los porqués de la no inclusión de este tema, es interesante la reflexión que se puede sacar al respecto:

Cuando el orden liberal es sustituido por el fascista en los territorios derrotados tras la Gran Guerra, son las élites económicas de estos países las que finalmente dan el apoyo determinante a estas formaciones. Durante el auge del fascismo algunos liberales y conservadores de los países victoriosos -supuestamente “democráticos”- apoyaron y alabaron las andanzas de Mussolini contra el comunismo, también negaron el apoyo a la democracia española contra el fascismo. Sólo se posicionaron claramente contra este cuando sus intereses económicos y diplomáticos en el continente fueron claramente trastocados por la Alemania Nazi.

¿Fue la guerra de los aliados contra el fascismo una guerra total? A nivel de víctimas y de masacres está claro que sí, pero dentro de los parámetros de Traverso ¿Se enfrentaron realmente dos proyectos contrapuestos incapaces de sobrevivir el uno con el otro? La posterior absorción por parte de las “democracias” liberales de los restos del aparato nazi-fascista nos hace entrever que la guerra entre nazis, fascistas y aliados fue una guerra entre estados miembros de un mismo corpus que mantiene una misma base, su sistema económico. En una reseña de este tipo resulta imposible profundizar en esta reflexión, pero creo que queda claro por dónde van los tiros.

Para concluir; el tema “estrella” de este periodo es la violencia, y Traverso realiza un análisis brillante de sus causas, canalizaciones, desarrollo y consecuencias, pocos se habían atrevido a ponerse en la piel de los verdugos y en analizar las verdaderas causas de la violencia exacerbada propia de este periodo histórico, este es para mí el punto más importante del libro y el que más ha contribuido para mí formación como historiador. Realizar una crítica general negativa al libro me resulta casi imposible, quizá este, podría ser mucho más divulgativo si utilizara un lenguaje más llano e introdujera historia política y económica, aunque se ampliara el número de páginas podría llegar a muchos más lectores. Me temo que hoy por hoy este libro solo es leído por historiadores. De todas formas para mí es un libro de referencia a la altura de Historia del siglo XX de Hobsbawm o La formación de la clase obrera en Inglaterra de E.P. Thompsom.






[1] Datos sobre la vida académica de Traverso recogidos de un portal en internet: http://www.fce.com.ar/ar/autores/autor_detalle.aspx?idAutor=1558
[2] Enzo Traverso, A sangre y fuego, PUV, Valencia, 2009, pg. 35.
[3] Ibíd. pág. 95.
[4] Ibíd. pág. 94.
[5] Ibíd. pág. 210
[6] Ibíd. Pág. 128.