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martes, 14 de octubre de 2014

Una mirada histórica a Stalin y el revisionismo a través de Domenico Losurdo.

En este artículo he intentado hacer una pequeña reseña sobre el libro de Losurdo, además de aportar otros datos y teorías sobre el revisionismo que me parecen interesantes, no es una reseña del libro al uso, si no más bien un ensayo sobre lo que me ha sugerido el libro de Losurdo:


Link para ver y descargar el libro de Losurdo.


Domenico Losurdo es un filósofo italiano nacido en 1941 en Bari. Constituye uno de los principales filósofos italianos de la actualidad, también es conocido por sus trabajos historiográficos, y se caracteriza por su mirada antirrevisionista hacia la historia. Actualmente es docente en la universidad de Urbino. Sus investigaciones se centran en la reconstrucción de la historia de la filosofía política alemana, desde Kant a Marx, con especial interés en Hegel. Sus obras históricas se han centrando el desmontaje de mitos y leyendas. Ejemplos de estas obras serían; Il revisionismo storico. Problemi e miti, o la que voy a tratar en este ensayo; Stalin, historia y crítica de una leyenda negra.

La obra de Losurdo se podría resumir en 3 palabras; provocativa, apasionante y antirrevisionista. Provocativa porque saca a la palestra un tema tabú por parte de la historiografía profesional occidental, desmonta los mitos de Stalin, sin ser una obra de marcado carácter político o propagandísitica como podrían serlo otras que persiguen el mismo objetivo pero por medios no profesionales, como la obra de Ludo Marteens: Otra mirada sobre Stalin. Apasionante porque la redacción del autor, la estructura del texto y el interés de sus estudios, despierta al lector hasta devorar el libro. Y antirrevisionista por el objeto de su estudio, que no es otro que desmontar los mitos y leyendas que en parte la historiografía y en parte la esfera política han elaborado sobre el personaje en cuestión; Stalin. Es a parte de esto mucho más; es un trabajo fruto de una profunda investigación, que cita a docenas de los mejores historiadores del siglo XX; que además cuenta con un amplísimo repertorio de citas de personajes contemporáneos a Stalin, algunas de ellas que parecen impensables a día de hoy, y que simplemente con esas citas es capaz de desmontar muchas de las leyendas que a día de hoy siguen vigentes.

Losurdo comienza planteándose varias preguntas, que se podrían resumir en una ¿Como es posible que la figura que despertó la admiración de millones de soviéticos y de trabajadores e intelectuales en todo el mundo, pasará a ser totalmente denostada hasta el surrealismo en los años 50? Para responder a esta pregunta Losurdo focaliza su análisis en el XX Congreso del PCUS, y en el famoso discurso secreto de Nikita Kruchev. ¿Porque ese discurso tan duro sobre el hombre que hasta el día de su muerte fue admirado -por lo menos oficialmente- por el propio Kruchev e infinidad de hombres como él? Losurdo tiene respuesta para ello; alguien tenía que pagar los crímenes de la etapa anterior, Losurdo no duda ni niega la brutalidad y la cantidad de sangre derramada durante el gobierno de Stalin, lo que achaca a Kruchev es un lavarse las manos con todo lo anterior. Para Kruchev -y por ende para el gobierno soviético post-Stalin- el Gulag, las consecuencias de la industrialización y de la colectivización de las tierras solo tuvieron un responsable; Stalin. Si bien Stalin tuvo una responsabilidad ineludible en esos actos, ¿Es suficiente para calificarlo como “Enorme, siniestro, caprichoso y degenerado monstruo humano”1? Sin duda, en sus circunstancias, este discurso le sirvió a Kruchev para legitimarse en el poder tras las luchas internas por alcanzarlo, pero ¿Nos sirven estas interpretaciones para hacer un bagaje histórico sobre Stalin?

Para Losurso es necesario primero quitar los prejuicios que existen sobre Stalin. Entra dentro de la lógica actual el descrédito exagerado a una figura que fue líder de la URSS en sus momentos más gloriosos. A nadie se le escapa, que bajo el gobierno de Stalin, Rusia paso del arado feudal al átomo, es decir, que sorprendió a la burguesía mundial por su grado de desarrollo y crecimiento en momentos en los que Europa y EE.UU pasaban por una de sus peores crisis, es además -aunque la propaganda nos indique lo contrario- el que lideró al país que más aportó para derrotar a los nazis en la segunda guerra mundial. Fue el comunista que más apoyos recabó en vida y el que en mayor medida -en la práctica- extendió el socialismo. Lógicamente, un personaje de estas características no puede ser bien tratado por la ideología dominante. Así como la aristocracia del siglo XIX jamás brindó por Robespierre, ni los esclavistas romanos alabaron a Espartaco, los propagandistas de la burguesía jamás harán un estudio profesional sobre Stalin.

Lo cierto es que Stalin fue un personaje complejo, con luces y sombras, algunos se fijan en las luces, otros en las sombras, los historiadores tenemos que fijarnos en lo nuestro, en la historia. En una historia profesional que nos ayude a comprender e interpretar lo que pasó en la Unión Soviética, y para ello hace falta sumergirse en la historia de Rusia, en un análisis de las relaciones internacionales, en las relaciones de clase, en la sociología y cultura rusa, no podemos basarnos únicamente en cifras e interpretaciones destinadas a la denigración y al maniqueismo. Y esto es lo que consigue Losurdo.

Buena parte del libro de Losurdo se basa en la contextualización, en hacer historia comparada con otros estados y otros líderes del momento. Muy interesante es ver como algunos de los que comenzaron a escribir contra Stalin y la URSS en los 50, antes habían reconocido e incluso alabado a estos.

Losurdo pone de manifiesto que las prácticas de deportación o trabajos forzados denunciadas como “monstruosas” cuando se debían a los estalinistas, eran perfectamente aceptables para el Occidente liberal cuando éste las aplicaba a los pueblos colonizados. Para Losurso la obra de Stalin podría resumirse en esta frase de Isaac Deutscher -que no le tenía el menor aprecio-: “encontró una Rusia que trabajaba la tierra con arados de madera y la dejó propietaria de la pila atómica… Un resultado similar no habría podido obtenerse sin una profunda revolución cultural con la que se enviase a todo un país a la escuela para darle una amplia instrucción”2. Deutscher habría podido añadir que todo se hizo en un clima de hostilidad internacional y sabotaje inaudito y fue acompañado por la creación de un potente ejército que venció prácticamente solo al fascismo. Por supuesto fue el resultado de una dictadura feroz, ¿cómo podríamos imaginar que se hubiese realizado de una manera diferente? ¿Y cómo habríamos podido imaginar que todo eso fue realizado por el loco sanguinario, estúpido e inculto descrito en la “leyenda negra”?

Quizá una de las prácticas más sibilinas de la historiografía revisionista es la comparación Stalin-Hitler, que tan en boga está a día de hoy. Losurdo trata profundamente este tema en el capítulo Olvido de la historia y construcción de una mitología, Stalin y Hitler como hermanos monstruos gemelos. Y transversalmente en otros capítulos. Losurdo analiza como uno de los términos que se crearon de facto para asimilar el nazismo y el comunismo como algo similar es el de totalitarismo. Un término no histórico que se basa en hechos y estructuras puntuales para igualar dos ideologías -comunismo y fascismo- y dos prácticas -el III Reich y la URSS de Stalin- en un momento muy concreto, los inicios de La Guerra Fría. Al ser derrotado el nazismo quedaron como vencedores los antiguos aliados, por un lado EEUU liderando el bloque capitalista, y por el otro, la URSS al mando del campo socialista. A partir de ese momento, intelectuales como Hannah Arendt -una de las que anteriormente alabó a Stalin3- desarrollaron el aparato teórico del totalitarismo, lo que hasta el día de hoy, en su versión más simplista, ha servido para denigrar al comunismo, igualándolo al nazismo hitleriano, por los factores de: Partido único, líder con poder ilimitado y alta represión. Esta simplificación interesada, lleva al olvido de todos los procesos, de enorme complejidad, que llevaron al poder al nazismo y al comunismo en sus respectivos países. Losurdo desmonta la teoría del totalitarismo, así como las cifras hinchadas que acompañan esta teoría, hasta el absurdo de los “100 millones de muertos”. En definitiva, la teoría del totalitarismo fue una teoría política nacida por los intereses del bloque occidental con el fin de denigrar a la URSS buscando cualquier punto de comparación con el III Reich. No es una categoría histórica asumible.

Para comprender y hacer comprender la historia hay que hacer siempre un profundo análisis de circunstancias, estructuras y fuentes. La historia que hoy conocemos sobre el tema en cuestión, la que es oficial, que no por ello profesional, está escrita por revisionistas de un calado sumo, o directamente por propagandistas: Joseph Goebbles, William Hearst, Robert Conquest y Alexander Solzhenitsyn. A mi juicio los cuatro pilares del revisionismo actual. Goebbles, como ministró de propaganda del Reich comenzó con la propaganda de atrocidades sobre lo que ocurría en la URSS, esto tuvo poca repercusión en occidente, hasta que Goebbles se alió con el magnate estadounidense de la
William Hearst, magnate de la
prensa amarilla estadounidense
prensa amarilla, el empresario filofascista William Hearst. El Holodomor, a día de hoy uno de los mitos fundacionales del nacionalismo ucraniano, fue tergiversado por Goebbles y difundido por Hearst, que en 1943 publicaba en la portada del “Chicago American” que la URSS había asesinado a 6 millones de ucranianos para imponer el socialismo en Ucrania. Si bien la hambruna de 1932-33 causó una cantidad de muertes difícil de calcular, es mentira afirmar que fue por imponer el socialismo y que fue únicamente en Ucrania. Si bien es cierto que la hambruna se desata por la colectivización forzosa y la resistencia de los Kulaks, resulta difícil pensar que el gobierno soviético lo planificara de alguna manera.

Robert Conquest, un ex-agente secreto y colaborador de la CIA metido a historiador -historiador cortesano- dio los siguientes pasos con sus trabajos “El gran terror” (1969) y “La cosecha del dolor” (1986), aumentando a 26 los millones de muertos causados por Stalin, 14 en el Holodomor y 12 en los Gulags. Pero fue el premio nobel de la paz, Alexander Solzhenitsyn -escritor y ex-preso del Gulag- el que redondeó la cifra a los 110 millones de muertos: 6 en el Holodomor, 60 en el Gulag y 44 en la Segunda Guerra Mundial. Si bien, achacar los 44 millones de muertos de la Gran Guerra Patria al propio Stalin -que en realidad fueron aproximadamente 27- ya es digno de no da ninguna veracidad a estas cifras, cualquiera que haga un balance sosegado de muertes se daría cuanta de la imposibilidad de estas, si la URSS hubiese perdido 110 millones de personas en menos de 30 años, en 1953 apenas quedaría nadie, es decir, es un disparate demográfico.

Antes de la caída de la URSS, Thomas Tootle desmontó la propaganda nazi sobre el holodomor con pruebas fehacientes, sin embargo, los revisionistas afirmaban que cuando se abriesen los archivos de los servicios secretos soviéticos, sus cifras quedarían incluso pequeñas. Cuando esto finalmente ocurrió, los investigadores norteamericanos Nicolas Werth y J. Arch Getty publicaron tras años de estudio en los archivos soviéticos, las cifras reales del Gulag, con 945.000 muertos totales (contando causas naturales) y certificando que en 1953 había 2 millones de presos en el Gulag, muy lejos de los 60 millones de muertos en el total y 25 millones de presos en 1953 que anunciaba Solzhenitsyn. Aun así, estos no rectificaron su error.

Las guerras de cifras son habituales, pero los historiadores no podemos caer en eso. No es nuestra labor juzgar a los personajes históricos, si no estudiar sus circunstancias e interpretar la historia. Para Losurdo las claves a la hora de estudiar a Stalin son las siguientes: La formación de la URSS, la industrialización, la guerra a los kulaks, la alfabetización de las masas, la creación de un estado benefactor gratuito, el intento de quedar fuera de una guerra impuesta por Hitler, la victoria sobre el nazismo y sin un auténtico consenso, sin olvidar que entre bastidores crecía un conflicto civil, una fractura del partido hegemónico -el PCUS- que nunca había cicatrizado4. Hay preguntas provocativas que muchos historiadores se niegan en responder ¿Hubiese sido capaz la URSS de derrotar al nazismo sin la represión anterior? ¿Deja de ser la obra de Stalin algo paranoico e inhumano cuando comienza la operación Barbarroja?

Sin duda aún queda mucho por estudiar sobre la figura de Stalin, y en general sobre la URSS. Pero quizá lo que primero tengamos que hacer para abarcar con seriedad y profesionalidad la compleja historia del socialismo en el siglo XX, sea desterrar para siempre al cubo de basura de la historia todas las teorías revisionistas, y no hay otra forma para conseguirla que combatiéndola con datos, con fuentes y con interpretaciones rigurosas basadas en la historia profesional y en la ciencia histórica. Losurdo, sin ser un historiador de profesión, hace un gran favor a la historia con este trabajo, documentado, riguroso y escrito con erudición. Y lo más importante, realizando una de las tareas más importantes que tienen los historiadores: destruir mitos.

Cámbiese la barretina por una gorrita española,
 estadounidense, o simplemente por el símbolo del dólar.


1Parte del discurso secreto de Nikita Kruchev (1956)
2Losurdo, Pg.12.
3Losurdo, Pg. 13.

4Losurdo, Pg. 554.

Adjunto un comic-web de @masademocrata publicado en su página: http://www.locoscomunistas.org/



viernes, 9 de mayo de 2014

La victoria olvidada


Hoy 9 de mayo se celebra el Día de la Victoria, probablemente uno de los días más importantes en la historia del siglo XX. A las 0:43 del día 9 de mayo de 1945 el ejército nazi se rindió ante el mariscal Georgi Zhukov, poniendo así fin a la peor guerra de la historia en el continente europeo.

El mariscal alemán Keitel firmando la rendición frente a Zhukov.


Este día es celebrado en la Europa del Este de forma mucho más exagerada que en la Europa occidental. Y es que, la Segunda Guerra Mundial o “Gran Guerra Patria” acabó con la vida de 27 millones de soviéticos (la población total que en 1939 tenía España) y de 6 millones de polacos. La Gran Guerra Patria forma un eje fundamental en la memoria colectiva de los países del este, sobre todo en las ex-repúblicas soviéticas, Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

Propaganda 1934
sobre la industrialización
Tenemos que remontarnos a los años 30 para entender la importancia de estos hechos. En 1933 Hitler llega al poder en Alemania, en sus escritos afirma que el principal enemigo del Reich es el bolchevismo, “bárbaros orientales, judíos y comunistas”, no sólo hay una cuestión ideológica y racial, si no que forma parte del espacio vital alemán, esto es; tierras de las que sacar población esclava, producción, recursos naturales y nuevos mercados. No olvidemos que en 1914 ya estalló una guerra por la conquista de mercados, la Primera Guerra Mundial.

Desde esos momentos la Unión Soviética empieza a prepararse para la guerra, no olvidemos que 10 años antes ha salido de dos guerras consecutivas, la mundial (1914-1918) y la civil rusa (1918-1923) un país, que ya en 1914 era de los más atrasados de Europa, en 1923 está hundido en la miseria. Desde 1929 empieza en la URSS un periodo de modernización e industrialización acelerado, dándose en los próximos 15 años el mayor crecimiento económico en su historia. Este proceso le costó caro a la URSS, aquellos hombres y mujeres, obreros sin apenas experiencia, se propusieron modernizar el mayor país de la tierra en tiempo récord. Cometieron errores, y no pocos, pero su objetivo estaba claro, avanzar con determinación hacia el fortalecimiento del país, que en un futuro, casi seguro, tendría que enfrentarse a la bestia nazi.

Las vías que utilizó la URSS para intentar aplacar al nazismo alemán y al fascismo italiano no fueron únicamente económicas, productivas o militares, también diplomáticas. Como cuenta Joseph Davies (embajador estadounidense en Moscú de 1939 a 1941) en su diario “Misión en Moscú” (llevada al cine por Michael Curtiz en una rareza antológica de hollywood), los soviéticos intentaron por todos los medios tejer una alianza antifascista junto a Inglaterra, Francia y Polonia, siendo siempre negativa la respuesta de estos gobiernos, probablemente porque temían más la amenaza comunista que la fascista -no olvidemos que fascistas y liberales comparten el mismo sistema económico, los mismos intereses de clase-. La alianza nunca se dio, y a la altura de 1939 la URSS firma el pacto Molotov-Ribentrov, el pacto germano-soviético, para algunos la traición de Stalin, para otros una astucia política que hizo ganar 2 años de preparación bélica a la URSS.

Al estallar la guerra en septiembre del 39, el ejército nazi, la Wehrmacht, demostró una superioridad abismal respecto al resto de ejércitos europeos. En pocas semanas, Polonia, Bélgica, Holanda y Francia habían caído en manos de Hitler. Los países del Este fueron aliados títeres o directamente invadidos por Alemania, quedando sólo Inglaterra, desde su isla, haciendo frente al III Reich.

Pero la guerra frente al bolchevismo tenía que llegar, Stalin lo sabía, Hitler lo llevaba preparando años. La guerra de los nazis frente a los franceses fue muy diferente como fue contra los soviéticos, Francia sufre unas 800.000 bajas en toda la guerra, siendo el país totalmente invadido o controlado por gobiernos títeres, lo mismo pasa con los otros países occidentales, la bajas son altas sí, pero nada comparado con la barbarie que se realizará en el Este.

La guerra que empieza el III Reich contra la URSS, el 22 de junio de 1941, es una guerra de exterminio. La operación Barbarroja, la mayor en la historia, despliega más de 4 millones de soldados aglutinados en 225 divisiones, 600.000 vehículos, 725.000 caballos, 4.300 blindados, más de 7.000 cañones y 4.000 aviones, además de 19.000 trenes puestos a disposición del ejército. La plana mayor nazi esperaba tomar Moscú y Leningrado en varias semanas, provocando así la rendición incondicional del gobierno soviético, pero esto jamás sucedió. Goebbles en su diario deja impronta del avance de la guerra, y de como minusvaloran las fuerzas bolcheviques:

24 de julio:
J. Goebbles; ministro de propaganda
del gobierno nazi.
No podemos conservar duda alguna acerca del hecho de que el régimen bolchevique, que existe
desde hace casi un cuarto de siglo, ha dejado profundas huellas en los pueblos de la Unión Soviética [ ...]. Sería por lo tanto justo subrayar con claridad, frente al pueblo alemán, la dureza del combate que se libra en el este. Debe decírsele a la nación que esta operación es muy difícil, pero que podemos superarla y la superaremos

1º de agosto:
En el cuartel general del Führer [ ...] también se admite abiertamente que se ha errado un poco en la valoración de la fuerza militar soviética. Los bolcheviques revelan una resistencia mayor de la que habríamos supuesto; sobre todo los medios materiales a su disposición son mayores de lo que pensábamos

19 de agosto:
El Führer está en privado muy irritado consigo mismo por el hecho de haberse dejado engañar hasta tal punto sobre el potencial de los bolcheviques, a través de los informes provenientes de [agentes alemanes enviados a] la Unión Soviética. Sobre todo su subestimación de la infantería acorazada y la aviación del enemigo nos ha creado muchos problemas. Ha sufrido mucho. Se trata de una grave crisis [...]. Comparadas, las campañas llevadas a cabo hasta ahora eran casi paseos [...]. En lo que respecta al oeste el Führer no tiene ningún motivo de preocupación [...]. Con nuestro rigor y objetividad los alemanes siempre hemos subestimado al enemigo, con la excepción en este caso de los bolcheviques

16 de septiembre:
Hemos calculado el potencial de los bolcheviques de modo completamente erróneo.1

La preparación llevada a cabo desde años atrás estaba sirviendo para que el avance de la Wehrmacht fuese costoso y penoso. Conforme el ejército nazi iba avanzando las atrocidades se iban cometiendo, millones de judíos soviéticos, eran llevados a campos de exterminio, también los prisioneros de guerra (unos 5 millones de soldados soviéticos) eran llevados a los campos, en total 18 millones de civiles soviéticos murieron a causa de la guerra, el objetivo era claro, el exterminio y esclavización de la “raza” eslava. Aun con esas dosis de crueldad nunca vistas, los soviéticos resistieron en el frente, y en la retaguardia alemana, partisanos se levantaban a miles sobre todo en las zonas de Ucrania y Bielorrusia. Detallar las crueldades nazis en los territorios soviéticos sería elevar este blog a la altura del gore. La misión histórica del fascismo, y en concreto de Hitler, era acabar con el movimiento obrero organizado, con las esperanzas revolucionarias, y fue avanzando en su objetivo poco a poco, sin importar los medios. Acabar con la URSS era el fin último de esa misión histórica.

Sin embargo, ni en dos años, los nazis lograron alcanzar sus objetivos. Leningrado fue sitiada durante más de 1000 días, cayendo más de 1 millón de soviéticos en el asedio (más que todos los caídos en Francia durante 6 años de guerra). El ejército rojo rechazó a las tropas nazis a las puertas de Moscú, en una batalla decisiva, y finalmente, al Sur, en Stalingrado, los nazis sufrieron su mayor derrota, después de más de un año de batalla y tras 2 millones de muertos entre ambos bandos, la Wehrmacht empezaba a retirarse.

A partir de 1943 el avance del ejército rojo fue imparable, acabando así con el 80% de ejército nazi (Se calcula que unos 10 millones de alemanes pasaron por el frente oriental, de los cuales de 6 a 7 millones serían bajas), las mejores divisiones de la Wehrmacht cayeron en el frente oriental, un frente que dejó más de 40 millones de muertos, entre civiles y militares de ambos bandos. Finalmente, el 9 de mayo de 1945, tras 4 años de guerra en en frente oriental, tras 40 millones de muertos, se proclamó la victoria frente al fascismo.

El 20% de los ucranianos, el 20% de lo bielorrusos, el 20% de los polacos y el 10% de los rusos (15% de los soviéticos), cayeron en la “Gran Guerra Patria”, probablemente sea el mayor esfuerzo que una sociedad haya realizado jamás, para acabar con el enemigo más cruel que jamás se ha visto en la faz de la tierra.

A día de hoy, debemos analizar la historia con los datos que los historiadores han rescatado y no a través de las películas que hemos visto. Los que acabaron con el nazismo fueron los soviéticos, 27 millones de almas tienen un peso sobre la historia que ninguna película, por muy buena que sea podrá borrar. Tampoco debemos menospreciar los esfuerzos de otros países y de otras sociedades, pero debemos de tener claro quienes soportaron el mayor peso en la guerra, saber que la propaganda de EEUU está focalizada para hacer ver que su aportación fue la más determinante, invisibilizando a su vez a su enemigo de la guerra fría.

Tabla de bajas en la Segunda Guerra Mundial:
PaísMilitaresCivilesTotal
URSS8.700.00018.300.00027.000.000
China1.324.00010.000.00011.324.000
Alemania3.250.0003.810.0007.060.000
Polonia850.0006.000.0006.850.000
Japón1.300.000700.0002.000.000
Yugoslavia300.0001.400.0001.706.000
Rumanía520.000465.000985.000
Francia340.000470.000810.000
Hungría--750.000
Austria380.000145.000525.000
Grecia--520.000
Estados Unidos500.000-500.000
Italia330.00080.000410.000
Checoslovaquia--400.000
Reino Unido326.00062.000388.000
Países Bajos198.00012.000210.000
Bélgica76.00012.00088.000
Finlandia--84.000
Canadá39.000-39.000
India36.000-36.000
Australia29.000-29.000
Albania--28.000
España12.00010.00022.000
Bulgaria19.0002.00021.000
Nueva Zelanda12.000-12.000
Noruega--10.262
África del norte9.000-9.000
Luxemburgo--5.000
Dinamarca4.000-4.000
Brasil4436071.050
Colombia16330193
México8523108
Venezuela601070
Total--61.820.385

El día de la victoria no es un día sólo para los países del este, es un día para toda la humanidad, un día también, en el que debemos rendir tributo a la sociedad soviética por aguantar lo inimaginable, por cumplir un papel histórico que quedará en los anales hasta el fin de los días. 

No debemos olvidar que Hitler pudo vencer, unas preguntas para la reflexión; ¿Que hubiese pasado si Hitler no hubiera atacado la URSS? ¿Que hubiese pasado si la URSS no se hubiese preparado para la guerra desde tanto tiempo atrás? ¿Hubiese logrado vencer al nazismo sin aplicar métodos brutales como las purgas al ejército o al partido o la industrialización y colectivización forzadas? ¿Por qué Hitler se empeñó en atacar a la URSS y en invertir todos sus esfuerzos allí sin todos los intentos históricos fracasaron? Y sobre todo ¿Por qué a día de hoy se sigue viendo como ganador en la segunda guerra mundial a los EE.UU?



1Lossurdo, Domenico; Stalin, Historia y crítica de una leyenda negra

miércoles, 19 de febrero de 2014

Reseña de "El mito de la transición." de Ferran Gallego

GALLEGO, Ferran, El mito de la transición. La crisis del Franquismo y los orígenes de la democracia (1973-1977), Editorial Crítica, Barcelona, 2008

Ferran Gallego Margalef, nacido en 1953 en Barcelona, es doctor en historia contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona donde imparte clases a día de hoy. Autor de tradición marxista es conocido por sus estudios sobre la extrema derecha europea, alemana, italiana, francesa… y latinoamericana, además de realizar investigaciones sobre el fascismo en España y sobre la guerra civil. También es colaborador del diario El Mundo en su edición catalana. El libro sobre el que versa la reseña es su penúltima publicación “El mito de la transición” de 2008, con una temática nueva comparada con sus anteriores publicaciones, pero no desligada del todo, ya que la transición o el fin del franquismo marcaron el fin del gobierno de la extrema derecha en España y la apertura hacia el sistema democrático-parlamentario en el que vivimos hoy.[1]

Ferran Gallego


Líneas magistrales de la argumentación.

“El mito de la transición” es una obra que pretende arrojar nuevas luces al periodo fundacional del sistema político actual, Gallego destierra todas las versiones mitificadas que desde la oficialidad se han dado, versiones –las oficiales- que siguen siendo dominantes a día de hoy entre la sociedad civil –ya no tanto entre historiadores-. Todo sistema político necesita de un mito fundacional, y los intelectuales orgánicos del régimen del 78 elaboraron su versión oficial de los hechos, donde se muestra una transición pacífica, modélica para el resto del mundo, donde la dictadura queda olvidada y la democracia se abre paso de forma limpia y segura, donde el propio régimen “se da cuenta” tras la muerte de Franco –o incluso antes-, de su inevitable democratización, siendo los propios franquistas los propulsores del cambio. Según esta versión, será en los despachos donde los hombres de estado –del franquismo y de la oposición (“pacto entre caballeros”)- llevarán entre bambalinas este arduo proceso hasta buen puerto, desembocando en el sistema que hoy conocemos.[2]

Para Gallego esta versión es un mito que se ha ido orquestando mientras la propia democracia liberal se ha ido desarrollando. Durante todo el libro traza una secuencia cronológica desde la llegada de Arias a la presidencia del gobierno –a finales de 1973- hasta las primeras elecciones democráticas en Abril de 1977, trazando una historia política muy documentada y entrando en los terrenos del análisis más profundo de las estructuras políticas y sociales.

Crisis de régimen

Para el autor el proceso que acabará denominándose “transición” nace a partir de una crisis orgánica[3], una crisis de régimen que viene dada principalmente por el agotamiento del edificio franquista debido a la exclusión de buena parte de la sociedad que no se siente satisfecha en sus condiciones socioeconómicas y que viene movilizándose y organizándose desde finales de los cincuenta y principios de los sesenta, esto, unido a la crisis económica (crisis del petróleo 1973) y a la situación internacional, en la que España –junto a Portugal- se convierte en un reducto aislado de autoritarismo nacional-católico, hacen que realmente se llegue a 1973 en una situación de crisis orgánica.

El franquismo ante la crisis.

Esta crisis intentará ser soliviantada por el propio régimen desde diferentes perspectivas, la reformista, la inmovilista y la aperturista, pero todas con una misma finalidad, el mantenimiento del edificio franquista con más o menos cambios, este intento de readaptación del régimen se da dentro de la habitual retórica franquista de la ambigüedad “cambiarlo todo sin cambiar nada”. [4]

Para Gallego, la heterogeneidad dentro del cuerpo franquista no lleva a una clara dicotomía entre inmovilistas y aperturistas o reformistas, ya que todos comparten la misma moralidad; su aceptación del golpe de estado como fuente de legitimidad del régimen[5], dentro del franquismo no hay “demócratas”, sólo hay franquistas cuya finalidad es mantener sus privilegios como élite política. La verdadera división entre franquistas y demócratas se ejemplifica con los sucesos que rodearon las ejecuciones del 27 de Noviembre de 1974[6]. El sujeto democrático-rupturista será la oposición, que seguirá en la clandestinidad hasta más allá de la muerte del dictador. ¿Cómo se iba a pasar de una dictadura a una democracia sin una ruptura?

¿Y después de Franco qué?

Para Gallego tras la muerte de Franco la velocidad de los acontecimientos cambia, el heredero será Juan Carlos de Borbón, cuya legitimidad emana únicamente de los designios del dictador, lo cual limita su actuación política, el primer gobierno de la monarquía será continuista liderado por Arias Navarro –gobierno olvidado por los creadores del mito que dan a la monarquía una papel democratizador desde el principio-, para el autor este primer gobierno buscará la no fragmentación de la familia franquista, un entendimiento entre los sectores del poder, siguiendo directamente los designios del dictador ya fallecido. Sin embargo la entrada de lleno en acción del movimiento obrero y de la oposición[7] pondrá entre la espada y la pared al monarca, que tras un 1976 cargado de huelgas y movilizaciones destituirá a Arias Navarro nombrando a Adolfo Suárez presidente del gobierno.



Para Gallego las intenciones son claras, se pasa de una búsqueda de entendimiento entre los sectores franquistas a una estrategia de acercamiento entre los sectores más avanzados del reformismo franquista y la oposición democrática. Suárez cumple el papel al ser un político joven, que controla el aparato franquista –ministro del movimiento-, carece de proyecto propio –a diferencia de Fraga o los inmovilistas- lo cual le hace más flexible ante la nueva coyuntura y además se le atribuía una gran intuición política.

La legitimización del reformismo posfranquista.

Sin embargo el gobierno de Adolfo Suárez parte de la misma falta de legitimidad ante la oposición democrática que los gobiernos anteriores, para Gallego esta legitimidad será ganada aplicando medidas reivindicadas por la oposición, como la amnistía política, la famosa reforma política y sobre todo la legalización del Partido Comunista de España[8]. Estas medidas junto a la retórica populista del gobierno hicieron situar a Adolfo Suarez como el “gobierno del cambio”[9], mostrándose así como un actor capaz de sacar adelante los cambios políticos. Efectivamente Suárez no aplicó un programa predeterminado, fue capeando el temporal respondiendo a la circunstancias teniendo como objetivo siempre la no ruptura total con el régimen anterior. Gallego concluye que para el bloque reformista no era su objetivo la democracia, si no que esta fue resultado de una serie de choques entre diferentes fuerzas, la transición fue un proceso dialéctico entre varios sujetos con una fuerza determinada, no un suceso político predeterminado por el gobierno ni mucho menos por la monarquía.


La oposición democrática y su derrota.

Para Gallego, la oposición perdió su oportunidad que debería haber rentabilizado en el periodo anterior –el gobierno de Arias Navarro- mientras Suarez ganaba reconocimiento, la oposición democrática liderada por el PCE se iba laminando gracias en parte a la astucia de equipo gubernamental, que jugó a dos bandas entre el PSOE y el PCE, siendo el objetivo último del gobierno el hundimiento del Partido Comunista. Un PCE hegemónico en la oposición acabó desmorándose en un juego de contradicciones y de errores políticos y de análisis –como creer que el franquismo era una cascarón vacío, carente de base social- mientras el PSOE con mayor astucia política, financiación extranjera y trato de favor por parte del gobierno –en comparación con el PCE- paso de ser un partido anecdótico en la clandestinidad al gran partido de la izquierda en el régimen del 78[10]. Para Gallego la derrota final del movimiento de oposición frente al reformismo de Suárez, se daría en la huelga de Noviembre de 1976, una huelga que aun siendo masiva no resultó lo suficientemente potente como para superar la fuerza del gobierno, muy reforzado por las iniciativas anteriormente mencionadas.

La democracia “a la española”

Con una oposición dividida, el control del aparato del estado,  de los medios de comunicación y sobre todo, con la iniciativa política, el gobierno de Suarez consiguió su principal objetivo, que buena parte de la élite franquista se mantuviera en el nuevo régimen, lo cual no significa “que nada cambiara”, Gallego pone énfasis en ello, la transición conllevó grandes cambios, cambios políticos que llevaron a la consolidación de la actual democracia Española. Una democracia que es producto de una correlación de fuerzas determinada en un momento preciso, donde el sector reformista del franquismo es la fuerza política que lleva la batuta, lo cual conllevará a déficits democráticos –analizados desde hoy- como puede ser la ley electoral pieza clave en la elaboración de cualquier sistema político.

Conclusiones[11]

Durante todo el libro Gallego hace un análisis de las élites políticas, de cuáles fueron las causas que les llevaron a actuar así, no simplemente de sus actuaciones. La transición fue un proceso mucho más complejo que el relato oficial del mito, un choque entre el franquismo en crisis con una voluntad clara de mantener su régimen y una oposición democrática creciente y movilizada pero dividida, minoritaria y con errores estratégicos, una pugna que debemos de situar en el contexto internacional, con intereses claros de las diferentes potencias extranjeras.

Ferran Gallego en definitiva se sumerge en las causas, en las motivaciones que llevaron a los diferentes escenarios políticos y al desenlace final. Haciendo acopio de una extensísima cantidad de fuentes exhaustivamente estudiadas. La crítica es inherente en todo el texto, no sólo al franquismo reformista o inmovilista, si no sobre todo a la oposición democrática y a su “falta de energía”[12], lo que ha conllevado según el autor a los déficits democráticos que hoy arrastramos. En todo el texto subyace la idea de la falta de análisis por parte de las élites políticas en esos momentos claves y también la gran capacidad de Suarez para dar respuesta a los acontecimientos.

En el último capítulo de conclusiones La paga del soldado, hace un lúcido análisis resumido de lo que para él vino a representar finalmente la transición, el título del capítulo –La paga del soldado- es una metáfora sublime sobre lo que representó la transición para los demócratas, haciendo referencia a las pagas que recibían los soldados en el servicio militar obligatorio, algo simbólico que era muy bien recibido por los reclutas, pero que nada tenía que ver por las horas y esfuerzos invertidos en la mili por parte de esos jóvenes. Para Gallego los que dejaron sangre y sudor en la lucha por la democracia recibieron esa “paga del soldado” con la transición y los derechos y libertades conquistadas, conquistas que fueron muy bien recibidas en una “fiesta democrática” pero que vistas con perspectiva se quedaron cortas en relación a los esfuerzos invertidos, sobre todo por aquellos que dieron su vida y todos sus esfuerzos por derrotar al franquismo. En palabras de Gallego: “Para mí, el principal fruto (de la transición) es que se consigue que la élite política del franquismo controle el proceso de reforma y que, pese a llevarlo más lejos de lo que quería, siga controlando el aparato del Estado. El bloque social que apoyó el franquismo es intocable. Ningún sector económico se ve afectado y la Iglesia mantiene privilegios.”[13]

domingo, 1 de septiembre de 2013

Unas cuantas razones para estar orgulloso de ser comunista #OrgulloComunista

Hoy es Trendin Topic mundial #OrgulloComunista, y como en un tweet no me caben todos los motivos por los que estar orgulloso del comunismo lo escribo aquí:

Orgulloso de todos aquellos que han luchado contra la injusticia desde el principio de los tiempos, porque el comunismo es acabar con las contradicciones que existen en la sociedad, no es una hoz y un martillo.

Orgulloso de haber sido capaces de desarrollar un método de análisis y actuación para acabar con todas esas injusticias; el Marxismo.



Orgulloso de nuestra historia, de nuestro pasado, porque me parece cobarde criticar a aquellos que lucharon y se sacrificaron para mejorar sus vidas y las de todos, simplemente para justificarte en la actualidad, repitiendo los argumentos de los privilegiados.

Orgulloso del movimiento obrero, liderado por comunistas que ha sido el que ha conquistado todos los derechos que hoy nos quitan, desde trabajar 8 horas, hasta el paro, la jubilación, la educación pública, la sanidad…

Orgulloso de haber sido capaces de tomar el poder en diferentes continentes y en diferentes momentos, demostrando que la revolución es posible, destruyendo así el mito de la burguesía “luchar no sirve para nada”.

Orgulloso de haber derrotado a los nazis. Porque el 70% del ejército de Hitler cayó en el frente del Este, no en Normandía.


Orgulloso de la resistencia partisana, porque fueron los comunistas los que se sacrificaron luchando contra Hitler y Mussolini desde la retaguardia.

Orgulloso de los comunistas en la guerra civil española, porque supieron interpretar cual era la forma de ganar la guerra a favor de la democracia, aunque Francia e Inglaterra traicionaran al gobierno republicano.

Orgulloso de que la URSS fuera en único país que apoyara a la democracia española.

Orgulloso de que aún tras la derrota en la guerra civil, los comunistas fueran los únicos que siguieron luchando contra el franquismo, desde el día que empezó la guerra hasta hoy. Muchos hombres y mujeres sacrificaron su vida o su libertad por acabar con el fascismo, y aun a día de hoy no tienen ningún reconocimiento.

Julián Grimau, asesinado y torturado por el franquismo 1911-1968

Orgulloso de que el primer país socialista en la historia fuera capaz de plantar cara al Imperio capitalista durante tantos años, siendo que partía con una desventaja abismal.

Orgulloso de que los mejores hombres en todos sus campos fueran comunistas: Neruda, Chaplin, Einstein, Oppenheimer, Einsenstein, García Márquez, Alberti, Picasso, Miguel Hernández, Marx, Engels, Lenin…

Orgulloso de que allí donde hemos triunfado hemos mejorado el nivel de vida de todas las personas.

Orgulloso por el comunismo no sólo es historia, es actualidad, porque Cuba sigue resistiendo y siendo referente para millones de personas y para muchos procesos políticos.


Orgulloso porque el comunismo también es un impulso natural –incluso animal- que tenemos los seres humanos de acabar con la injusticia, por eso por mucho que nos manipulen o exterminen jamás acabarán con nosotros.

Orgulloso de que aún tras la caída de la URSS, del bloque socialista y del “fin de la historia”, hayamos sido capaces de recomponernos, poco a poco, “tarpenie, tarpenie”.

Orgulloso de que hoy en día haya comunistas que se han hecho un hueco en los espacios televisivos y que se son capaces de luchar por la hegemonía.

Orgulloso de que siga existiendo el Partido Comunista, y que se vaya recomponiendo y reestructurando poco a poco, porque sin partido, sin organización jamás, habrá revolución.




Orgulloso de que hoy haya miles de comunistas españoles reivindicando su orgullo, porque SU cultura nos quieres hacer pensar que es motivo de vergüenza, y aun con su asedio somos capaces de sacar pecho y decir que estamos orgullosos de lo que somos: COMUNISTAS.